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  • 14 junio, 2016

Llega un nuevo miembro a la familia. Y con la alegría de tener un bebé, llega también la quizás no tan deseada inversión en ropita, juguetes y otra serie de accesorios. Entre ellos, resulta vital la cuna. Además, no siempre se utiliza la misma, puesto que durante los primeros meses es necesario que el bebé esté acurrucado, protegido, y lo más ajustado posible, de manera que su ubicación le recuerde al vientre materno. Es aquí donde entran las minicunas, utilizadas cuando el bebé llega a casa por primera vez.

Diferencia entre minicuna y moisés

Muchos papás y mamás confunden las minicunas con un moisés. La principal diferencia entre ambos es que el moisés es como un capazo. Es más pequeño y puede resultar muy útil para las primeras semanas del bebé, ya que es ligero y fácil de transportar. Sin embargo, lo más recomendable es optar por la minicuna desde un primer momento. Este elemento dura meses y es más estable, frente al moisés que tiene una menor duración en cuanto a su uso.

Las minicunas son fáciles de montar. Tienen unas dimensiones idóneas para acoplarlas en la habitación de los padres, además de poder moverla sin mucha dificultad a otras estancias. Una minicuna, aunque depende de cada niño, suele ser utilizada hasta los 4- 5 meses en líneas generales, y hasta 6 meses como máximo, ya que el peso límite que soportan las minicunas es de 9 kilos.

minicuna colección rosabel

Existen diferentes tipos de minicunas, en función de las medidas, el material del que están construidas, los colores, el diseño, etc. Con el tiempo, las minicunas han ido evolucionando y hoy día, aparte de otras prestaciones, la mayoría de las marcas sacan a la venta modelos que se transforman en otros aparatos, buscando el aprovechamiento máximo. De esta manera, muchas minicunas se convierten en bañeritas, en roperos, en jugueteros, etc.

 minicuna mimosa

Cuando dejar la minicuna

Las cunas más grandes se empiezan a utilizar a partir del quinto mes, aproximadamente. En realidad, no es una cuestión estrictamente de tiempo. El factor clave para el cambio es comprobar que el niño ya está adaptado a su entorno, no necesita la presencia materna de forma constante y no come cada dos o tres horas.

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